Arte del silencio
- Lectura en 14 minutos - 2892 palabrasEl Arte de Explotar en Silencio: Una Historia de Kaylay
Capítulo 1: La Olla de Presión
Soy Kaylay, y hoy quiero contarles sobre la parte de mí que no siempre muestro en las fotos de Instagram con sonrisas perfectas. Quiero hablarles de esos momentos donde siento que voy a explotar y no sé qué hacer conmigo misma.
Imaginen que soy como una olla de presión. Todos los días voy acumulando cosas: una palabra que me dolió, una situación que me frustró, un comentario que me hizo dudar de mí misma, una inseguridad que creí superada pero que regresó como boomerang. Todo se va guardando ahí adentro, en un rincón de mi pecho que cada día se siente más pesado.
Y yo, como buena Kaylay que quiere ser perfecta para todos, sigo sonriendo. Sigo diciendo “estoy bien” cuando me preguntan cómo estoy. Sigo siendo la amiga divertida, la que siempre tiene una broma lista, la que aparenta tenerlo todo bajo control.
Pero por dentro, esa olla está hirviendo. Y el vapor se va acumulando, presionando, buscando una salida que yo me niego a darle porque no quiero ser una carga para nadie.
Capítulo 2: El Dilema de la Expresión
Aquí está mi eterno dilema, el que me quita el sueño y me hace dar vueltas en la cama pensando: ¿Es malo guardar tus pensamientos? ¿Es malo expresarlos?
Cuando guardo todo lo que siento, me ahogo. Es como tratar de respirar bajo el agua. Cada día que pasa sin decir lo que realmente pienso, sin mostrar lo que realmente siento, es un día donde me traiciono a mí misma un poquito más.
Pero cuando pienso en expresarlo, inmediatamente viene la otra voz en mi cabeza: “¿Y si los asustas? ¿Y si piensan que eres demasiado intensa? ¿Y si deciden que eres muy complicada y se alejan?”
Es una trampa sin salida. Si hablo, tal vez lastimo a otros o los ahuyento. Si no hablo, me lastimo a mí misma y me ahogo en mis propios pensamientos. ¿Cómo se supone que una persona navegue eso?
Me paso horas, literalmente horas, dándole vueltas a una sola frase que quiero decir. La escribo en mi mente de mil formas diferentes: más suave, más directa, más diplomática, más honesta. Y después de tanto pensarlo, al final no digo nada porque ya me convencí de que es mejor quedarse callada.
Capítulo 3: La Paradoja del Apoyo
Lo más frustrante de todo es cuando las personas que más quiero me dicen: “Kaylay, sabes que puedes contarme todo. Siempre voy a estar aquí para apoyarte en momentos difíciles.”
Y yo los miro con una sonrisa agradecida, pero por dentro pienso: “No, no puedo. Porque si les cuento realmente cómo me siento, los voy a preocupar. Los voy a lastimar. Los voy a cargar con mis problemas.”
Es una paradoja cruel. Las personas que más me ofrecen ayuda son exactamente las personas a las que más quiero proteger de mi caos interno. No quiero que mi mamá se preocupe por mí más de lo que ya lo hace. No quiero que mis amigas sientan que tienen que cargar con mis inseguridades encima de sus propios problemas. No quiero que la gente que me ama tenga que lidiar con todas las vueltas que se da mi mente.
Entonces sonrío y digo: “Gracias, en serio. Pero estoy bien.”
Y ellos se quedan tranquilos porque creen que realmente estoy bien, y yo me quedo con todo guardado porque creo que es lo mejor para todos.
Capítulo 4: El Momento de la Explosión
Pero aquí está lo que he aprendido sobre mí misma: no importa cuánto trate de controlar todo, siempre llega ese momento donde ya no puedo más. Es como cuando una represa se rompe - no puedes predecir exactamente cuándo va a pasar, pero cuando pasa, es devastador.
Y lo peor de todo es que siempre, SIEMPRE, exploto con la persona que menos se lo merece. Nunca es con la persona que realmente me lastimó o me frustró. No, exploto con mi hermana que solo me preguntó si quiero cenar. O con mi mejor amiga que me mandó un mensaje preguntando cómo estoy. O con mi mamá que me hizo un comentario completamente inocente.
Es como si toda esa presión acumulada encontrara la válvula más débil, la persona más segura, aquella que sé que no se va a ir sin importar cómo me comporte. Y ahí es donde todo sale: la frustración, la tristeza, el enojo, la confusión, todo mezclado en una explosión emocional que deja a todos confundidos, incluyéndome a mí.
Capítulo 5: La Culpa Posterior
Después de explotar, viene la parte que más odio: la culpa. Me siento terrible porque la persona que recibió mi explosión no tenía nada que ver con lo que realmente me estaba molestando. Se convierte en daño colateral de mi incapacidad para expresar mis emociones de manera sana.
Me quedo ahí, viendo el desastre emocional que acabo de crear, y pienso: “Kaylay, eres un desastre. Acabas de lastimar a alguien que no se lo merecía porque no pudiste controlar tus emociones.”
Y entonces viene el círculo vicioso: me siento mal por haber explotado, lo cual me hace sentir más emociones negativas que no quiero expresar, lo cual me hace guardar más cosas, lo cual eventualmente llevará a otra explosión.
Es agotador. Es como estar atrapada en una montaña rusa emocional de la cual no sé cómo bajarme.
Capítulo 6: La Máscara de la Felicidad
Durante años he perfeccionado el arte de parecer siempre feliz. Tengo una sonrisa para cada ocasión: la sonrisa genuina cuando realmente estoy contenta, la sonrisa educada cuando estoy en situaciones sociales, la sonrisa tranquilizadora cuando alguien me pregunta si estoy bien, la sonrisa valiente cuando estoy pasando por algo difícil pero no quiero que otros lo sepan.
He practicado tanto el “estoy bien” que ya sale automático. Es mi respuesta por defecto para casi cualquier cosa. ¿Cómo estás? Estoy bien. ¿Todo okay? Todo bien. ¿Necesitas algo? No, estoy bien.
Pero la verdad es que mostrar siempre felicidad es exhaustivo. Es como actuar en una obra de teatro las 24 horas del día, donde nunca puedes salir del personaje porque siempre hay alguien mirando.
Y lo más triste es que después de un tiempo, ya ni yo misma sé cuándo estoy actuando y cuándo estoy siendo genuina. Las líneas se difuminan tanto que pierdes el contacto con tus propias emociones reales.
Capítulo 7: La Universalidad del Dolor
Una cosa que he aprendido con el tiempo es que todos, absolutamente todos, tenemos momentos malos. No hay una sola persona en este mundo que esté feliz todo el tiempo, aunque así lo parezca en sus redes sociales o en las conversaciones superficiales.
Pero por alguna razón, yo me había convencido de que tenía que ser la excepción. Que tenía que ser la persona que siempre estaba bien, que siempre tenía las respuestas, que nunca necesitaba ayuda.
Es ridículo cuando lo pienso así. ¿Por qué me exijo un estándar que no le exijo a nadie más? Si mi mejor amiga me dijera que está pasando por un momento difícil, yo la abrazaría y le diría que es normal, que es humano, que estoy aquí para ella. Pero cuando soy yo la que está pasando por algo, inmediatamente pienso que soy débil, que soy demasiado sensible, que debería poder manejarlo sola.
Capítulo 8: El Miedo al Rechazo
En el fondo, creo que todo esto viene del miedo. Miedo al rechazo, miedo al juicio, miedo a que la gente descubra que no soy tan fuerte como aparento ser.
Tengo terror de que si muestro mi lado vulnerable, la gente se dé cuenta de que soy un fraude. Que toda esta confianza que proyecto es solo una fachada, y que en realidad soy una persona llena de inseguridades y dudas.
Es como si hubiera construido toda una identidad alrededor de ser “la Kaylay divertida y fuerte” y ahora tengo pánico de que si la gente ve mis partes rotas, ya no me van a querer de la misma manera.
Pero ¿saben qué es lo irónico? Las personas que más admiro, las que considero más fuertes y auténticas, son exactamente las que han tenido el valor de mostrar sus vulnerabilidades. Son las que han dicho: “Estoy pasando por algo difícil y necesito ayuda.”
Capítulo 9: La Trampa de la Perfección
Me he dado cuenta de que he caído en la trampa de creer que tengo que ser perfecta para ser digna de amor. Que tengo que tener todas las respuestas, estar siempre de buen humor, nunca ser una carga, siempre dar más de lo que recibo.
Pero la perfección es una meta imposible, y perseguirla solo me ha llevado a sentirme más aislada y más falsa.
La verdad es que la perfección no existe. Todos estamos inventando sobre la marcha, tratando de hacer lo mejor que podemos con las herramientas que tenemos. Nadie tiene todo resuelto, sin importar cuánto lo aparente.
Y cuando trato de ser perfecta todo el tiempo, no solo me agoto a mí misma, sino que también privo a otros de la oportunidad de conocer realmente quién soy. Les doy una versión editada de Kaylay, no la versión completa.
Capítulo 10: El Peso de las Expectativas
Parte del problema es que he creado expectativas tan altas sobre mí misma que ahora tengo miedo de no cumplirlas. La gente espera que sea divertida, así que siento presión de siempre tener algo gracioso que decir. La gente espera que sea fuerte, así que siento que no puedo mostrar debilidad.
Pero esas expectativas se han vuelto una prisión. Me limitan a ser solo una versión de mí misma, cuando en realidad soy mucho más compleja que eso.
Algunos días quiero ser divertida, otros días quiero estar callada. Algunos días me siento fuerte, otros días necesito que alguien me cuide. Y está bien ser todas esas cosas.
Capítulo 11: La Búsqueda de la Persona Correcta
Una de las cosas más difíciles es saber con quién hablar cuando finalmente decido que necesito expresar lo que siento. No es que no tenga personas en mi vida que me quieran - las tengo, y son maravillosas. Pero hay algo sobre el timing y la persona correcta que siempre me paraliza.
¿Hablo con mi mamá? Pero no quiero preocuparla. ¿Con mi mejor amiga? Pero ella también está pasando por cosas. ¿Con mi hermana? Pero no quiero que cambie la forma en que me ve.
Es como si necesitara encontrar a la persona perfecta que tenga el tiempo perfecto y la energía perfecta para lidiar con mis emociones imperfectas. Pero esa persona no existe, porque nadie es perfecto.
Y mientras busco a la persona “correcta”, el tiempo pasa y las emociones se acumulan hasta que ya no hay persona correcta porque todo se vuelve demasiado grande para una sola conversación.
Capítulo 12: La Soledad en la Multitud
Lo más solitario del mundo es estar rodeada de personas que te quieren pero sentir que no puedes ser completamente honesta con ninguna de ellas.
Puedo estar en una habitación llena de mis personas favoritas, riéndome y pasándola bien, y al mismo tiempo sentir una distancia enorme entre quién estoy siendo en ese momento y quién realmente soy por dentro.
Es una soledad particular, porque no es la soledad de estar físicamente sola. Es la soledad de estar emocionalmente desconectada incluso cuando estás rodeada de conexiones.
Capítulo 13: El Descubrimiento de la Escritura
Y aquí es donde llego a algo que ha cambiado mi vida: escribir. Cuando escribo, especialmente cuando escribo sobre mis sentimientos, algo mágico pasa. Es como si finalmente pudiera respirar después de haber estado conteniendo la respiración.
La escritura no me juzga. No se cansa de mí. No tiene sus propios problemas que considerar. No se preocupa por mí de una manera que me haga sentir culpable. Simplemente existe como un espacio seguro donde puedo ser completamente honesta.
Cuando escribo, puedo decir todas esas cosas que no me atrevo a decir en voz alta. Puedo explorar mis pensamientos sin filtros, sin preocuparme por cómo van a afectar a otros. Puedo ser egoísta, puedo ser vulnerable, puedo ser contradictoria, puedo ser real.
Capítulo 14: El Proceso de Sanación
He descubierto que escribir no solo me permite expresar mis emociones, sino que también me ayuda a entenderlas mejor. Cuando pongo mis sentimientos en palabras, de alguna manera se vuelven más manejables, menos abrumadores.
Es como si el acto de escribirlos los transformara de esta masa caótica de emociones en algo que puedo examinar, entender y eventualmente procesar.
A veces escribo cartas que nunca voy a enviar. Cartas a personas que me lastimaron, cartas a versiones pasadas de mí misma, cartas a versiones futuras de mí misma. Es liberador poder decir todo lo que necesito decir sin las complicaciones de una conversación real.
Otras veces simplemente escribo stream of consciousness - todo lo que está pasando por mi mente sin censura. Es sorprendente lo revelador que puede ser simplemente volcar todos tus pensamientos en una página.
Capítulo 15: La Realización
A través de escribir, me he dado cuenta de algo importante: no tengo que resolver todos mis problemas yo sola, pero sí necesito encontrar maneras saludables de procesarlos.
La escritura se ha convertido en mi primera línea de defensa contra la acumulación emocional. Ahora, cuando empiezo a sentir esa presión familiar en el pecho, en lugar de guardarlo todo hasta explotar, me siento a escribir.
No siempre resuelve todo, pero siempre me ayuda a entender mejor qué es lo que realmente está pasando conmigo. Y a veces, después de escribir, me doy cuenta de que sí necesito hablar con alguien, pero ahora lo hago desde un lugar más claro, más organizado.
Capítulo 16: La Recomendación Universal
Por eso estoy aquí, escribiendo esta historia y compartiéndola. Porque quiero que sepan que si se sienten como yo - atrapados entre querer expresarse y no saber cómo, cargando emociones que no saben dónde poner - escribir puede ser una salvación.
No tiene que ser perfecto. No tiene que ser para nadie más que para ustedes. Puede ser en un diario, en notas del teléfono, en servilletas de restaurante. El medio no importa; lo que importa es darle a sus emociones un lugar donde existir fuera de su cabeza.
Escriban sus frustraciones. Escriban sus miedos. Escriban sus esperanzas. Escriban sus contradicciones. Escriban todo lo que no se atreven a decir en voz alta.
Capítulo 17: El Cambio Gradual
Desde que empecé a escribir regularmente, he notado cambios sutiles pero importantes en mí misma. Primero, exploto menos. Cuando tengo un lugar donde procesar mis emociones regularmente, no se acumulan tanto.
Segundo, cuando sí necesito hablar con alguien, lo hago de manera más efectiva. Porque ya he procesado mis sentimientos a través de la escritura, puedo comunicar lo que necesito de manera más clara y menos caótica.
Tercero, me he vuelto más compasiva conmigo misma. Leer mis propios pensamientos escritos me ha ayudado a verme con más objetividad y menos crítica.
Y cuarto, me siento menos sola. Porque aunque nadie más lea lo que escribo, el acto de expresarme completamente me hace sentir menos aislada de mí misma.
Capítulo 18: La Invitación
Así que esta es mi invitación para todos los que se sienten como yo: inténtenlo. Tomen un papel, abran un documento, usen su teléfono, lo que sea. Y simplemente empiecen a escribir sobre cómo se sienten.
No se preocupen por la gramática, por sonar inteligentes, por hacer sentido. Solo escriban. Escriban como si nadie fuera a leerlo jamás, porque probablemente nadie lo haga.
Escriban sus explosiones antes de que exploten. Escriban sus tristezas antes de que se conviertan en depresión. Escriban sus alegrías para recordarlas en los días difíciles. Escriban sus confusiones para encontrar claridad.
Capítulo 19: La Promesa Personal
Me he hecho una promesa a mí misma: voy a seguir escribiendo, incluso cuando sea difícil, incluso cuando prefiera guardarlo todo. Porque he aprendido que cuidar mi salud emocional es tan importante como cuidar mi salud física.
También me he prometido que voy a tratar de ser más honesta con las personas que me aman, poco a poco. No necesito contarles todo de una vez, pero sí puedo empezar a ser más real sobre cómo me siento.
Y me he prometido que voy a dejar de exigirme la perfección emocional. Está bien tener días malos. Está bien necesitar ayuda. Está bien ser humana en toda su complejidad.
Capítulo 20: El Mensaje Final
Si llegaron hasta aquí leyendo mi historia, quiero que sepan esto: no están solos en sus luchas emocionales. Todos cargamos cosas que no sabemos cómo expresar. Todos tenemos momentos donde nos sentimos abrumados por nuestros propios pensamientos.
Pero también quiero que sepan que hay esperanza. Hay maneras de procesar, de sanar, de encontrar paz con nuestras emociones complejas. La escritura ha sido mi salvavidas, pero cada persona tiene que encontrar el suyo.
Lo importante es no rendirse en la búsqueda de maneras saludables de expresarse y procesarse. Ustedes merecen tener un lugar seguro para sus emociones, incluso si ese lugar es simplemente una página en blanco.
Escriban. Sanen. Crezcan. Y recuerden que está bien no estar bien todo el tiempo.
Con amor y páginas llenas de emociones,
Kaylay
P.D.: Si empezaron a escribir después de leer esto, ya dieron el primer paso hacia cuidar mejor su bienestar emocional. Estoy orgullosa de ustedes.